Atardece y los cantos de los lobos de mar anuncian la inminente venida del anochecer. En los islotes más de 300 ejemplares de mamíferos disfrutan en paz del violento oleaje que distingue al océano de Cobquecura. Calles limpias, mar sin contaminación y una cultura viva proveniente de la época colonial. Una enorme roca es la llamada Iglesia de Piedra, con una forma de tortuga gigante, Santuario de la Naturaleza. Cubierta de vegetación por fuera y con una serie de túneles internos. El lugar fue utilizado como lugar de rituales prehispánicos, convirtiéndose posteriormente en una especie de templo católico.
